De un mar gris metalizado que se confunde con el cielo encapotado se alza una enorme roca altiva. Apalizada por el mar por todos sus puntos cardinales nunca se rinde. Enamora con su gente humilde y orgullosa, su son sonando en cada esquina y su intrepidez al plantar cara al gigante Goliat. Su coloridas casas son como un arcoiris de esperanza. Su testuz no se achanta y de lo poco que te dejan sacas todo lo bueno que puedes. Yo te admiro y te halago desde este malecón hermano.

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