No me conoces ni yo te conozco pero siento tu pena en mi corazón. Siento el desprecio con que giran la cabeza para no verte, porque la pobreza les incomoda, incluso les da miedo que se les pegue y algún día se vean igual que tú, viviendo en la calle.
No hablo tu idioma ni tú hablas el mío pero en nuestro llanto nos reconocemos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario