Hay personas tan acogedoras que cuando te abrazan sabes que has llegado al hogar, que cuando te estrechan, te perimetran para dejar todo lo malo fuera, que te miran y te toman todas las medidas y te sientes tan a gusto que no quisieras vivir lejos de ellas. Las que sonríen con los ojos y hablan con la piel y todo lo hacen fácil, como si la felicidad que desprenden fuera lo más lógico, su estado natural de ver las cosas. Personas sanadoras de almas.

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