Relato corto
Miguel y Teresa
- Hola mi amor, has tardado un poco
- Si, ya sabes cómo está el tráfico y cada vez me cuesta más llegar
- Ay Teresa, tenemos una edad en que todo nos cuesta
- Si Miguel pero ya ves que nunca falto a nuestra cita
- Lo se lo sé. No sabes cuánto te lo agradezco. Esto de estar aquí todo el día solo y sin poder moverme se me hace muy difícil
- Lo entiendo, mi amor. Yo sin embargo tengo una vida muy ajetreada con los nietos casi siempre en casa. Por cierto, te mandan besos y abrazos y te echan mucho de menos.
- Y yo a ellos, ¡ no sabes cuánto !
- Bueno, no te pongas triste que estoy aquí contigo para pasar un buen rato
- Lo sé Teresa. Cuéntame de aquella vecina tan cotilla
- Pues nada Miguel, sigue igual. Lleva la cuenta de quién entra y quién sale. No sé para que pagamos a Fernando si en realidad la portera es ella.
- Jajajaja como eres, chiquilla
- Es que tengo razón. Que si salgo, que si entro, que si donde voy cada tarde a la misma hora... Miguel un sinvivir con esta mujer
- Bueno, ya sabes que está sola y en algo se tiene que entretener
- Pues que haga punto o crochet o crucigramas, que sé yo, pero que haga algo productivo
- Teresa tú no cambiarás nunca. Deja que diga lo que quiera que tú y yo sabemos la verdad.
- Si Miguel, eso es cierto. Sólo tú y yo sabemos lo que pasa
- Bueno amor, ve para casa que ya empieza a anochecer y sé que eres un poco asustona
- Miguel si mañana puedo vengo antes a verte. Espérame, ¿ Vale ?
- Claro Teresa, adónde quieres que vaya si ya sabes que no me puedo mover
- Un beso, amor y cuídate. Aquí te dejo tus flores
- Ten cuidado al salir, ya sabes que la salida del cementerio está un poco oscura.
- Lo sé amor. Hasta mañana. Te quiero Miguel.
- Te quiero, Teresa

No hay comentarios:
Publicar un comentario