Cinco mil pasos hay de tu casa a la mía. Lo sé de tantas veces que recorrimos el camino cogidos de la mano. Al principio yo sacaba la silla de anea a la puerta porque me gustaba verte llegar; ya fuera invierno o verano con frío o calor te veía llegar sonriendo. Con los meses cada vez llegabas más tarde, más cansado y más indolente. Que si el trabajo, los amigos y mil excusas más. Yo te miraba con los mismos ojos pero ya no me veía reflejada en ellos. Busqué una solución: vernos a mitad de camino para que no anduvieras tanto. Yo seguía igual de ilusionada y ahora tengo que decir que también ilusa. Un día me quedé esperando y al siguiente y al siguiente hasta que ya por costumbre me quedaba sentada en la misma silla ya desvencijada como yo. Se me quedaron los ojos pegados en aquel camino junto con el corazón y la juventud. Cuando alguien pasa por mi puerta solo ve a una " vieja " con un perro igual de viejo que me calienta los pies en invierno. Tonta de mí que seguí esperando hasta el último día de mi vida.
domingo, 19 de julio de 2026
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