Era mi cuerpo el que paraba tus golpes y mis oídos los que sangraban con tus insultos; siempre poniendo excusas para tapar lo que me hacías, que si una puerta mal cerrada o una esquina que no vi o una escalera resbaladiza. Te aprovechabas porque me veías frágil de cuerpo y espíritu, porque sabías que me avergonzaba de contarlo y no tuviste en cuenta que la venganza ya estaba dentro de mí.
Empecé a guardar las pastillas que tenía que tomar para dormir. No dormía de todas formas así que apenas noté la diferencia. Ya tenía las suficientes para que tú sí tuvieras un sueño reparador, así que , diluí algunas en el güisqui que te gustaba tomar antes de dormir. En la cama dormías como un bebé, un bebé maldito pero yo quería algo más que una noche sin miedo; preparé la aguja con insulina rápida, sé el efecto que hace y te la inyecté debajo de la lengua, el único lugar donde es indetectable un pinchazo. Preparé apenas una mochila con cuatro cosas. Me deshice de la jeringuilla y salí a la calle donde me acogió una luna reluciente.
miércoles, 22 de julio de 2026
Luna llena
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